¿Alquilás o
leés? El stand de la Feria del Libro que fomenta el espíritu crítico
Es la propuesta del colectivo de
editoriales independientes "Todo Libro es Político", integrado por 14
sellos autogestivos.
El
stand "Todo libro es político" en la Feria del Libro 2023. IG
@todolibroespolitico
10/05/2023 7:01
·
Cultura
Actualizado
al 10/05/2023 7:01
“¿Alquilás o
leés?”, pregunta la consigna. Asoma, así como quien no
quiere la cosa, de un stand de la Feria del Libro 2023. El espacio ocupa una de
las esquinas del Pabellón Amarillo y ahí hay libros, por supuesto, y son
muchos, pero también están los carteles, tipo de
inmobiliaria.
Otro avisa,
en letra gigante: “SE VENDE”. Abajo, detalles del supuesto inmueble. Un amasijo
de maderas sostiene la estructura. La literal y la simbólica. “Desde el stand
1916, de 28 m2, en el gentrificado pabellón amarillo de la @ferialibroba nos
proponemos pensar las formas de habitar, leer y editar las ciudades”, anuncia
en su Manifiesto el colectivo de editoriales independientes
"Todo Libro es Político", que hace ya ocho años logró
entrar oficialmente, y con todas las de la ley, al predio de La Rural durante
la Feria del Libro.
“¿Cuánto
vale el metro cuadrado de tus lecturas y el desalojo de tu tiempo de ocio?
¿Podremos construir nuevas casas con ladrillos de libros o es más caro el papel
que el cemento? ¿Los amenities incluyen bibliotecas de usos múltiples?”,
pregunta el colectivo integrado por 14 sellos autogestivos que
tienen en común, entre otras cosas, interesantes catálogos eclécticos –que va
de la poesía al ensayo, pasando por la narrativa o la filosofía– y reúnen
autores inéditos con consagrados que piensan distintas temáticas sociales, en
ficción o no. La propuesta que los engloba es: “Construir propuestas que
desarrollen discursividades críticas”. Y lo hacen.
“¿Alquilás o leés?”, pregunta la consigna en el stand "Todo libro
es político" en la Feria del Libro. Gentileza
Apuntan,
disparan y no buscan respuesta puntual, salvo dejar picando el viento de la
bala. En 2022, frente a la crisis de los humedales, a la bandera de grupos de
activismo ambiental rosarinos que decía como reclamo “cuánto vale un río”, cuando se secó el Paraná, le
sumaron otro cuestionamiento: “Cuánto vale un libro”.
Durante
la Feria del Libro de 2022, la primera edición
después de la pausa por la cuarentena y aislamiento, para llamar la atención
sobre un contexto económico que ponía en riesgo el acceso al libro y la
supervivencia de las editoriales independientes, la interpelación era
"Liquidación por cierre".
El lema que
eligieron para debatir este año es “Alquilar o leer”.
Y entonces abrieron el juego así: “Vivir en ciudades con las plataformas cada
vez más presentes en nuestros consumos nos pone al borde de tener que repensar
las prácticas habituales, de comprar libros, ir a ferias, vivir en casas”. Por
ahí comienza su reflexión.
“No
podríamos estar en la FIL de una manera cómoda. Si bien es una ciudad cultural
con sus propios sentidos, identidades, de alguna manera nuestro stand dialoga
con el afuera, con lo que pasa en lo cotidiano. Desde Todo Libro es Político
intentamos problematizar un poco la Feria, que nuestro stand sea un espacio
crítico, porque de eso se tratan nuestros catálogos”, explica la socióloga
Marilina Winik, que desde 2013, junto a Natalia Ortiz Maldonado, es editora de
Hekht, una de las editoriales que está desde el inicio de esta reunión de
sellos que se juntan para poder sostener el precio de un stand en la Feria del Libro.
Para editoriales y distribuidoras, desde la más pequeña hasta la
multinacional, participar de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires
es importante. IG @todolibroespolitico
Visibilización
Para editoriales
y distribuidoras, desde la más pequeña hasta la multinacional, participar de
la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es
importante. Es el evento cultural más grande, estable y de larga data de la
Ciudad.
Además,
entre otras cosas, están las jornadas profesionales antes de la apertura
general, con un abanico amplio de propuestas de formación y contactos, para
editores, libreros, distribuidores y bibliotecarios. No estar es invisibilizarse. Ante el público lector, y entre
colegas.
Además del
momento complicado que está pasando la industria del libro en su totalidad,
entre otros factores por la crisis del precio en dólares del papel y el costo
de las imprentas, a las editoriales autogestivas –más pequeñas, medianas o
grandes, nuevas o ya clásicas– se les suma lo inaccesible que puede
resultar tener presencia en la Feria del Libro.
Para poner
un stand hay que pagar 70 mil pesos el metro cuadrado, o
sea que uno muy pequeño ronda el millón. A eso hay que
sumarles los sueldos de quienes atienden al público, el traslado y la
instalación del lugar. De mínima. Hay que vender mucho para recuperar lo
invertido. Y hay que contar con esa suma para invertirla.
Durante
largo tiempo, las editoriales pequeñas y medianas se quedaban afuera. En 2001,
mientras la economía argentina se caía a pedazos, un grupo de escritores y
editores armaron, en respuesta y discusión a la oficial, una contra-feria como espacio de resistencia. La
idea se arraigó y desde 2006 comenzó a existir como Feria del Libro Independiente y Autogestiva (FLIA).
El espacio
que comenzó pequeño, en donde la literatura no quedaba solo ligada a la
explotación comercial, pasó a ser un evento alternativo importante
del mundo editorial y literario porteño. Con lugar para quien quisiera
participar. Gratis. Organizado sin jerarquías, a través de asambleas abiertas.
Y en funcionamiento sin pedir patrocinio ni asistencia gubernamental o privada.
Actualmente, tiene una filial nacional y otra internacional.
Y sigue. En
2012, un grupo de sellos medianos como Adriana Hidalgo, Beatriz Viterbo y
Eterna Cadencia, entre otras, se sumaron para compartir un stand en la Feria
del Libro y sostener así el precio del metro cuadrado. Entonces
se abrió un nuevo campo de posibilidades. Muy poquito después, en 2015, desembarcó el proyecto "Todo libro es
Político", desde lo alternativo hasta el corazón del
mainstream, sin perder por eso lo contestatario.
Varias de las editoriales que
participan de esta “construcción colectiva”, como se autodenominan, tienen una
larga trayectoria de haber gestionado y construido ferias independientes y
estuvieron desde el inicio de la FLIA.
”Con el
tiempo y la –entre comillas– profesionalización de las editoriales que
estábamos solo en las ferias de libros por fuera de la FIL, esta idea de poder
compartir el piso de la Feria del Libro, que
es tan caro, nos pareció estratégica. No solamente para poder participar porque
tenemos catálogos acordes y distribuimos en librerías. Si no también porque al
no estar nos estaban quitando una posibilidad de mostrar lo que hacemos”,
explica Winik.
Entonces ahí
están. Con su propuesta disruptiva, que sacude un poco la modorra. Dentro de
la Feria del Libro oficial, con y como postura
crítica. Este año, la discursividad común, la encontraron, además de la
editorial y distribuidora porteña Hekht; la ya clásica (aunque se autodenomina
“Marginal Transnacional Independiente”) Milena Caserola, comandada hace 17 años
por Matías Reck; la cordobesa DocumentA/Escénicas, que piensa su labor como una
“práctica artística contemporánea”, dicen y entre otros hits publicaron en
2018 El viaje inútil, de Camila Sosa Villada; y más. También
son parte del proyecto La Cebra, Tinta Limón, Tren en movimiento, Traficantes
de sueños, Lom, Nocturna, Casagrande, Otro Cauce, Miluno y Último Recurso.
En la edición 2023 la cuestión es
los alquileres de casas para vivir. “Tiene que ver con una problemática que es
clarísima en la Ciudad de Buenos Aires, pero también en todo el país. Cada vez
hay más prioridad para los alquileres temporarios, para turistas. El desarrollo
inmobiliario apunta a que las familias no vivan en las ciudades. Y eso estamos
tratando de poner a pensar a partir del ‘Alquilar o leer’. Porque además, por
la inflación, los precios de los libros están super altos”, dicen desde el
stand 1916.
Con una propuesta que es
consecuente con el nombre de su grupo para la Feria del Libro, Todo libro es
Político, año tras año proponen reflexionar sobre problemáticas que cruzan, no
sólo lo cultural, sino también lo social. El stand es un espacio abierto,
repleto de carteles de SE VENDE, que también programa presentaciones, charlas,
intercambios.
Y cada edición de la FIL corre el mismo rumor: “Todo libro es político ganó el premio al mejor stand colectivo por la intervención artística, la propuesta conceptual y los catálogos expuestos”. También surge la provocación recurrente, para que vuelva a pasar.
Pero así
como en Hamlet William Shakespeare escribió
que “algo huele a podrido en Dinamarca”, indagando un poco esta información podría
decirse que “algo suena extraño en la Feria del Libro” con respecto al galardón
a este grupo disruptivo. Y sí. “Es una fake news que decimos todos los años”,
explican entre risas, y ya quedó como cábala.
PC


